No es la primera vez que hablo acerca del ingenio y la creatividad y de cómo estas habilidades parecen no tener límite.
¿Cómo es posible que, cuando pensamos que ya no queda nada por inventar, llega alguien con una nueva creación y provoca en nosotros el deseo de tenerla en nuestras manos lo antes posible o, en otros casos, preguntarnos cómo no se nos ocurrió primero?
Cuando hablamos de innovación, debemos considerar de dónde obtendremos ideas frescas que luego podamos materializar como un producto o servicio [que represente una nueva fuente de ingresos, por supuesto]. Una de ellas implica la interacción directa con los clientes o usuarios potenciales: preguntarles qué es lo que les gustaría tener, escuchar sus ideas, materializarlas y, luego, implementarlas, en un producto o servicio para después lanzarlo al mercado y lograr que todos lo adquieran.
Pero, cuidado, esta metodología no siempre lleva a lo mismo. Por ejemplo, si en la década de los 50 le hubiésemos preguntado a la gente qué cambios habrían querido ver en su aparato telefónico, tal vez la mejor respuesta habría sido algo como “un método de marcación más sencillo para evitar que se lastimen las personas con dedos gruesos…”
Habría sido muy difícil (si no imposible) que alguien viniera con la idea de un teléfono inalámbrico, que pudiera llevar consigo a cualquier parte del mundo, con el mismo número de identificación, que integrara GPS, reconocimiento de voz, acceso a una comunidad de microblogging y/o a una red social en donde compartir sus ideas e imágenes con un grupo de familiares o amigos.
En otras palabras, los usuarios muchas veces no saben ni siquiera qué es lo que quieren en realidad. Es ahí donde interviene una mentalidad creativa, de la cual, en el momento menos esperado, surge una idea tan novedosa, o tan revolucionaria, que todos querríamos hacer uso de ella, aun cuando ni siquiera se nos habría ocurrido que algún día estaría disponible para nosotros.
Pero hay que tener cuidado. Esa maravillosa idea de negocio también puede volverse humo para nosotros si es aprovechada por alguien más.
Al interactuar con tus usuarios/consumidores potenciales, es muy fácil (sobre todo ahora) que ellos mismos vayan y compartan tu idea con sus contactos en Twitter, Facebook o su propio blog, y que sean éstos quienes obtengan el fruto de tu genial proyecto.
Tags: Consejos, Ingenio, Innovación, Investigación, marketing, Productividad, Redes Sociales, Seguridad, Tiempo Libre
En verdad que es dificil presentar la propuesta de un producto a travéz de redes sociales, como bien dices Karl es un arma de doble filo, yo pienso que los proyectos no deberian ser tan publicos sino hasta la hora de se presentación, y sin publicar tan pronto las encuestas realizadas a los usuarios, un saludo desde Venezuela.